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LA EXTEROGESTACIÓN. 9 MESES DENTRO, 9 MESES FUERA.

¿Sabéis qué significa exterogestación? Os reconozco que yo no tenía ni idea hasta que me quedé embarazada y empecé a leer sobre el embarazo y posparto. Recuerdo ver esa palabra y sentir un interés especial hacia ella. ¡Y tanto que es especial!.

Para las que nunca escuchasteis hablar de esta etapa os pongo al día.

“Si los bebés se quedaran en el útero durante un periodo más extenso de tiempo y su cerebro siguiera creciendo al ritmo que crece, la cabeza sería demasiado grande para pasar por el canal vaginal y pondría en peligro la propia vida del bebé, la vida de la madre, y la de toda la especie humana, por así decirlo. Así, a pesar de que el bebé no ha madurado lo suficiente, nace”.

Ashley Montagu, antropólogo y humanista.

Así que como habéis visto en sus palabras, nuestros bebés nacen inmaduros y necesitan completar su desarrollo fuera de nuestro útero pero cerca de nuestros cuerpos. Necesitan sentirnos ya que se sienten indefensos y por eso no hay que dejar al bebé llorar y no cogerlo por miedo a que se vaya a acostumbrar. ¡Qué rabia me da cada vez que escucho esas palabras!.

Esta etapa de gestación exterior tiene un profundo impacto en el desarrollo físico, psicológico y emocional del bebé.

Y os estaréis preguntando, ¿y cuándo termina esta etapa? Pues cuando el bebé es capaz de desplazarse por si mismo que suele ser alrededor de los 9 meses cuando se inician en el gateo (ya sabéis que cada bebé es un mundo y tienen sus propios tiempos).

Hoy Tiago cumple 9 meses y por lo tanto se supone que termina nuestra exterogestación.
Y si, lo reconozco, siento que no estoy preparada para que crezca tan rápido. Mira que me dijeron que una vez que te conviertes en mamá, el tiempo vuela y a pesar de eso, me cuesta aceptarlo.

Llevamos 18 meses siendo uno. No nos hemos separado ni un solo día. Cada segundo a su lado es único e intenso. Siento que, a pesar de poder disfrutarlo sin horarios, nunca es suficiente.

Y, curiosamente, pienso que es precisamente ahora, cuando más me necesita. Gatea por toda la casa cogiendo velocidad cuando algo llama su atención. Se pasa el día levantándose y dejándose caer controlando perfectamente la caída, y dejándome asombrada con la seguridad que tiene en si mismo. Me pasan las horas viendo cómo todo llama su atención y provoca su risa. Pero, en medio de esa “independencia”, siempre levanta la mirada buscándome y cuando nuestros ojos se encuentran, me sonríe arrugando su naricilla y abriendo sus brazos para llegar lo más rápido posible a mi regazo.

Siento que en este último mes, mi bebé se ha convertido en niño.

¡Felices 9 meses mi pequeña gran revolución!.

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